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Historia de Leyre - Siglo XX, un nuevo resurgir
Resurgir de Leyre
Termina la historia de Leyre con el primer capitulo de su restauración. La restauración material y espiritual de Leyre es obra de los últimos cincuenta años. Ya en 1935 se habían comenzado unas excavaciones arqueológicas por los cimientos de la cripta y del templo superior. Luego, la vigorosa y emotiva exaltación de todo lo navarro que supuso la lucha de los años 1936 a 1939, hizo que se convirtiese en realidad la nostalgia de hacer revivir a Leyre. Como hizo constar la Diputación Foral en documento memorable: “Leyre es la reliquia mayor de Navarra. Tal vez no existiría Navarra sí no existiese Leyre. En sus viejas piedras está la razón del Reino Pirenaico, que nació precisamente en estas sierras y en estas tierras”.
La idea de reconstruir Leyre tomó cuerpo en pocos años, promovida por dos ilustres personalidades cuyos nombres deben ser recordados: El Conde de Rodezno, que presidía la Diputación, y Mons. Marcelino Olaechea, a la sazón obispo de Pamplona. Por acuerdo de 2 de noviembre de 1945, la Diputación Foral aprobó el proyecto de obras a realizar, presentado por la benemérita Institución Príncipe de Viana y elaborado con singular maestría por el arquitecto don José Yárnoz, Nueve años después, el 10 de noviembre de 1954, entraban de nuevo en Leyre los monjes benedictinos, de la Congregación de San Pedro de Solesmes, procedentes de la abadía de Santo Domingo de Silos, El 6 de noviembre de 1961 la Santa Sede restituyó a Leyre su viejo título de Abadía, y el 1 de julio del año siguiente la Diputación Foral de Navarra hizo entrega oficial del Monasterio con sus pertenencias a la Comunidad benedictina.
En 1979 estrenaba su primer abad después de la restauración, en la persona de Dom Augusto Pascual, uno de los monjes fundadores. La comunidad, ya consolidada, compuesta por una treintena de monjes, dan vida a toda una tradición de fe y renuevan la vida interior de la persona, que es el fin principal de toda existencia monástica, al mismo tiempo que la comunidad de Leyre se constituye en testigo callado y luminoso, puesto en lo alto de un monte, de su fe en Jesucristo su Salvador, de quien se honran tener como titular antiquísimo del Monasterio.