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Historia de Leyre
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Historia de Leyre - Siglos IX-XI
La primera noticia histórica auténtica que tenemos sobre el monasterio de Leyre es, sin duda, la visita de San Eulogio de Córdoba el año 844. Y cuando se puede acreditar una tan antigua referencia, se puede tener el lujo de renunciar a las noticias apócrifas de los falsos cronicones y de las leyendas piadosas.
El viaje de San Eulogio  
El hecho cierto es que a mediados del siglo noveno (IX) existía en este mismo emplazamiento el monasterio de Leyre y era un centro importante de vida espiritual. La noticia nos llega de Córdoba, a la sazón centro espiritual y político de los musulmanes españoles. En efecto, el presbítero Eulogio, futuro mártir y santo tan venerado en toda España, iba de viaje hacia las tierras germánicas. No pudo pasar los Pirineos por la Marca Hispánica de Cataluña, en guerra entonces, pero nos dejó en la noticia de su viaje una precisa referencia a los principales monasterios de Navarra y Aragón. De los cinco que cita, Leyre es el único que al cabo de más de mil cien años sigue en pie y continúa en su plena función monástica.
El nombre de Leyre aparece por dos veces en la carta que el propio Eulogio escribió poco después del 848 a Wilesindo, obispo de Pamplona. La referencia es breve pero muy concreta. Al hablar de su proyecto de ir a San Zacarías, añade: “Antes de ir a dicho lugar me detuve muchos días en el monasterio de Leyre, donde conocí varones muy señalados en el temor de Dios”. Y luego, al momento de las despedidas, insiste saludando “a Fortún, abad del monasterio de Leyre con toda su comunidad”. Estas breves referencias se confirman con otras de la Vita vel passio Sancti Eulogii, escrita por su amigo Alvaro de Córdoba, documento que confirma la verdad del viaje pirenaico, y con un curioso texto del Apologéticus martyrum del propio San Eulogio: “Estando yo en Pamplona y viviendo en el monasterio de Leyre. la curiosidad de saber hízome registrar todos los libros allí conservados. De improviso cayeron mis ojos en las páginas de un opúsculo sin nombre de autor, que contenía la siguiente historia acerca del nefando profeta: Nació el heresiarca Mahoma...”. Y sigue después una amplia referencia.
Se confirma así plenamente la referencia del viaje y además de insistir en que estuvo en Leyre, aporta un nuevo dato muy valioso. Que nuestro monasterio disponía de una importante biblioteca. Sus libros despertaron la curiosidad de Eulogio, que era un sacerdote ilustrado y erudito, y lo más notable es que aquel hombre tan avezado en la dialéctica con los musulmanes, fue en Leyre donde encontró un libro sobre Mahoma, que no conocía, y que le sirvió para argumentar poderosamente en una de sus obras apologéticas.
Este es el punto de partida de la historia de Leyre. Cabe muy fundadamente sospechar que el monasterio no era de reciente fundación. Pero resulta difícil aventurar cómo era el monasterio y cuál pudo ser su origen. Se ha supuesto, como conjetura, que el movimiento monástico pirenaico pudo venir de las Galias y más concretamente, que fue reflejo del renacimiento monasterial de tiempo de Carlomagno. No hay dato concreto que permita afirmarlo.
Las Santas Nunilo y Alodia  
A mediados del siglo IX hallamos también otra referencia bastante concreta. Importante, porque es el inicio de una devoción que llegó a ser muy típica del monasterio. La de las santas mártires Nunilo y Alodia.
Nacieron hacia el año 830, de padres acomodados, en Adahuesca, cerca de la fortaleza de Alquézar, en tierras de Barbastro, siendo Califa Abd al-Rahman II. Su padre era mu-ladi (convertido al Islam) y su madre había continuado siendo cristiana. San Eulogio de Córdoba hace mención expresa de su glorioso martirio. Fueron decapitadas por confesar heroicamente la fe católica en la ciudad de Huesca un 21 de octubre antes del año 848, a la edad de 18 y 14 años, respectivamente.
Los restos de sus cuerpos, por deseo de los Reyes de Navarra, fueron trasladados, pocos años mas tarde, al Monasterio de Leyre en donde reposaron durante diez siglos en la arqueta arábigo-persa, que fue el relicario que contuvo las reliquias de las Santas hasta la época de la desamortización definitiva, año 1862. La devoción a las Santas ha sido singular en el Reino de Navarra. Se extendió pronto a la Rioja y en el siglo XVI a Toledo. En el 1491 el Conde de Lerín y Condestable del Reino, cuñado de Fernando el Católico, marchó exilado de Navarra, junto con su familia y otros caballeros beamonteses a la toma de Granada y con ellos fueron dos imágenes góticas de las Santas, actualmente Patronas de Huéscar y La Puebla, en la región granadina. Después de muchos avatares históricos, en la actualidad, las reliquias de las santas se encuentran repartidas en su mayor parte entre Leyre y el pueblo de Adahuesca.
Los cartularios procedentes de Leyre, que se guardan en varios archivos españoles, se abren con un documento fechado unos años después de la visita de San Eulogio. Una escritura fechada probablemente entre el 850-52 contiene la donación de los inmediatos lugares de Esa (Vesa) y Benasa, en favor del monasterio. Son las más antiguas propiedades que se le conocen y es muy lógico que por ahí comenzase Leyre a redondear sus tierras. La donación aparece como efectuada por el rey Iñigo Ximénez Arista juntamente con Wilesindo, obispo de Pamplona. Y se consigna en el documento como razón de ser de esta entrega, el traslado a Leyre de las reliquias de las Santas Nunilo y Alodia, efectuado probablemente por aquella mismas fechas.
Pero cualquiera que sea el valor del documento, es un hecho cierto que es por entonces cuando se inicia la multisecular devoción por las reliquias de “las Santas” de Leyre. Luego, en el siglo XI la devoción de las Santas cuenta ya para entonces una firme tradición.
Las invasiones de los siglos IX y X  
Eran aquellos momentos difíciles para el incipiente reino de Pamplona. Había nacido con Iñigo Arista como una transacción entre los grupos vascos de la montaña y las fuerzas que reunían los Beni-Casi, navarros islamizados sólidamente afincados en el valle de Ebro. Estos, mantuvieron al comienzo una influencia preponderante. Para liberarse de su presión los monarcas navarros buscaron la alianza de los asturianos. Cuando el 848 viaja San Eulogio por Navarra, las relaciones entre musulmanes y navarros eran muy buenas. Se iba de Córdoba a Zaragoza y de Zaragoza a Pamplona sin dificultad en el paso. Diez años más tarde tendrá lugar en Albelda la “auténtica” batalla de Clavijo, en la que los navarros, apoyando al asturiano Ordoño I, derrotan a los Beni-Casi. Sin embargo, las alternativas se sucedieron y con ellas las batallas y las invasiones.
En estas campañas, se castigaba a los monarcas navarros por su alianza con los Beni-Casi, rebeldes frente a Córdoba. El año 920 Abderramán III lleva su campaña a la zona estratégica de Leyre. Remonta el Aragón por la vía clásica de las invasiones del Sur. El choque y la derrota cristiana se produce en Liédena y la Foz de Lumbier, a la entrada del valle del Irati. Abderramán sigue a Pamplona a donde llega al cabo de cuatro días. La ciudad está abandonada. En su obra de destrucción se cita expresamente el saqueo y derribo de la iglesia catedral.
Luego, en la segunda mitad del siglo X. mejoraron las relaciones entre Pamplona y Córdoba.
Leyre, Corte y Obispado  
Con sus alternativas políticas, se comprende que la vida en Pamplona y en Navarra durante ese siglo largo en que sufre tan reiteradas invasiones, hubo de ser muy angustiosa. Con todo se llegó a organizar un buen sistema defensivo. El avance de las tropas cordobesas se hacía preferentemente por los ríos. El Ega fue el camino de la penetración. Leyre constituía la altura inexpugnable en la que buscaron seguridad los fugitivos de Pamplona.
La Monarquía se refugió en Leyre. Se creó entonces una situación que durará en el siglo X y buena parte del Xl. Comienza la costumbre, discutida hoy por historiadores, de que los obispos de Pamplona se elijan entre los monjes de Leyre. También queremos recordar que el último rey de la dinastía de los Arsita, Fortún Garcés, el monarca que había estado tanto tiempo en Córdoba y que era abuelo de Abderramán III, al ser depuesto, pasó a ser monje de Leyre.
Puede decirse muy bien que desde estos siglos IX y X aparece ya Leyre como el más importante de los centros monásticos de Navarra. Paralelamente se intensificaba la actividad religiosa. La vida espiritual se adivina floreciente. Mucho culto de las reliquias.
La iglesia más antigua  
Este primer momento de esplendor de Leyre en el siglo X, hubo de reflejarse en algunas construcciones monásticas. Los datos arqueológicos son pocos. Se limitan a los cimientos de construcciones anteriores. Bajo el pavimento de la gran nave gótica del siglo XIV se conserva con gran precisión el trazado de un templo anterior. En su esquema es de tres naves relativamente cortas. Todo hace pensar que esta fue la primera iglesia de Leyre.
Primera consagración  
De la historia que sigue tenemos ya un magnifico testimonio vivo. Es la gran cabecera románica, que es la pieza inicial del románico de Navarra y prototipo de las grandes construcciones del románico español.
Fue probablemente una obra de ampliación de la iglesia primitiva, que en algún aspecto previo pudo empezar en los últimos tiempos del siglo X, es en definitiva obra del siglo Xl y culmina en la consagración del año 1057. Su planteamiento es del tiempo de Sancho el Mayor. La grandeza que Leyre alcanza bajo su reinado se mantiene con su hijo y con su nieto y comienza a decaer al advenimiento de los reyes aragoneses.
Parece indudable que Sancho el Mayor se educó de niño en el monasterio, pues en un documento llama al abad Sancho domino et magistro meo. De ahí el gran afecto que le unió a Leyre y que supo transmitir a sus sucesores. Su padre, don García de Nájera, que murió en 1054 en la batalla fratricida de Atapuerca, había sido curado en Leyre de una grave enfermedad, según decía, gracias a las oraciones de los monjes. Lo afirma en documento de 18 de noviembre da 1050 en el que hace una donación a Leyre.
Durante el reinado de Don García se dio el gran impulso a la construcción de la cabecera románica que se iba a consagrar muy poco tiempo después de su muerte. Y los tres últimos reyes de la auténtica dinastía navarra aparecen asociados en este momento memorable. La identificación arqueológica del templo consagrado en 1057 responde a la unidad arquitectónica que hoy se denomina cabecera de la iglesia, con sus naves, ábsides y cripta.
Segunda consagración  
Cuarenta y un años más tarde, cuando concluía el siglo, tendrá lugar una nueva consagración de Leyre. Del día 24 de octubre de 1098 se conservan dos documentos: el acta de la ceremonia y una escritura de donaciones efectuadas con motivo de la consagración. Que fue importante esta consagración lo acredita tan numeroso cortejo episcopal y de lo mejor del monacato pirenaico. Pero no resulta tan fácil identificar sobre el edificio actual la traza arquitectónica de las construcciones a que afectó tan brillante acto. Los reconstructores cistercienses de los siglos XIII y XIV se mostraron respetuosos con la cabecera románica, pero para habilitar una gran nave gótica, apenas dejeron en pie los muros laterales de la iglesia románica del siglo XII.
Para cuando llega el momento de esta segunda consagración había variado ya la situación de Leyre en el panorama eclesiástico de Navarra. Y el hecho cierto es, que están ya en presencia los factores de un cambio de orientación que iba a ser fértil en penosas consecuencias.