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Preguntas más frecuentes - ¿Sueles dudar? |
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| Pueden haber momentos en la vida
en que las verdades de la fe se obscurecen. De este modo, la fe se va
purificando, se va haciendo más profunda y auténtica. Los
monjes no están al abrigo de tentaciones contra la fe. |
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| ¿Estás al día de lo que pasa? |
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| Habitualmente los monjes no oyen
la radio ni ven la televisión, pero sí recibimos prensa
y revistas que nos ponen al tanto de la actualidad. De esta manera, libre
y personalmente se filtran mejor las noticias, captando solo las más
importantes, y logrando tener una actitud más objetiva sobre las
informaciones, tantas veces manipuladas y tergiversadas por los medios
de comunicación. El monje, aunque separado del mundo físicamente,
lleva en lo más profundo de su corazón las esperanzas, las
penas y los gozos de sus hermanos y hermanas de la tierra entera. |
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| ¿Visitas a tu familia de vez en cuando? |
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Ya se ha respondido a esta cuestión
en otro apartado. Aquí queremos añadir que nuestras familias,
pueden venir visitarnos de vez en cuando, lo cual depende de la distancia
geográfica. Podemos escribir a nuestras familias, y lo consideramos
como un deber. En resumen, estamos separados de nuestras familias, pero
la ruptura no es total.
Las relaciones cambian de este modo, y no son pocos los monjes que con
el tiempo desarollan nuevas relaciones familiares mucho más profundas
y verdaderas a pesar de las reglas de separación. Así se
comprende que nuestro mismo familiares nos digan: “Es curioso. Tú
eres quien está siempre ausente, y sin embargo todos estamos de
acuerdo que eres tú el más cercano a nuestro recuerdo y
a nuestro corazón.” |
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No, casi nunca. El ocio, o mejor,
-“el paro”- es un mal desconocido en los monasterios. Se puede
decir que el tiempo se nos queda corto, o en todo caso la monotonía
es sólo superficial. El monje posee un mundo interior apasionante.
Siempre está en camino hacia una experiencia del amor y de libertad
cada día más amplia y más profunda.
Además, la vida monástica es una Celebración litúrgica
constante del misterio de Jesucristo, Redentor del hombre. El ciclo litúrgico
despliega una riqueza enorme de fiestas y temas de meditación,
que juegan un papel extraordinario en la transformación del alma
del monje.
Dios es todo lo contrario de alguien aburrido. Mas bien, es un ser fascinante.
Cuanto más se le conoce, más quiere uno entrar en comunión
con su Vida Trinitaria. |
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| Como en toda familia, ocurre
que hay diferencias de punto de vista sobre cómo hacer tal o cual
cosa. Cada uno tiene su carácter... Pero esta gran variedad es
sobre todo una gran riqueza humana. No somos perfectos, y una de las tareas
del Abad es estar al servicio de la unidad entre los miembros de la familia.
Lo que nos une, el amor de Cristo y una meta común, es mucho más
fuerte que lo que pudiera separarnos o dividirnos. Formamos una familia. |
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Toda vida es una lucha, y a menudo
una pugna contra si mismo.
No entramos en el monasterio para escaparnos del sufrimiento y de las
pruebas presentes en toda vida, sino para compartir la vida y el amor
de Cristo. Todo discípulo suyo conoce la cruz que debe cargar como
lo hizo El, y los monjes están muy implicados en este misterio
de la redención del mundo por el sacrificio del Hijo de Dios.
En cuanto a las observancias de la Regla de San Benito, pueden ser observadas
por todos los que tienen la salud normal ordinaria de hoy en día.
Con todo, no hay que esperar una vida confortable, ya que la vida misma
de comunidad tiene sus dificultades anímicas y sicológicas
que hay que saber reconducir. Para hacer otro tipo sacrificios concretos
o físicos se requiere el permiso del abad.
La radicalidad de los compromisos monásticos supone que se renuncia
efectivamente a muchas cosas aún legítimas, y esto puede
ser más difícil en ciertos momentos de la vida. También,
perseverar en una vida como la nuestra, a la larga, puede llegar a ser
muy duro.
Pero todo eso no puede compararse con la alegría que da el Espíritu
Santo al que deja todo para servir a Cristo. Como decía Santa Teresa
de Jesús “A quien Dios tiene,
nada le falta; sólo Dios basta”. |
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| ¿Cómo se organiza la comunidad? |
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La comunidad monástica
se basa sobre la idea de la familia. Hay un padre representado por el
abad o superior, que es elegido democráticamente por toda la comunidad,
y están los hijos, hermanos entre si; todos cooperan para ayudarse
mutuamente en el desarrollo de la vida de cada día y tienen como
meta el progreso de cada uno de sus miembros y el aumento y pervivencia
de la misma familia. Y, todo esto, teniendo, como fundamento al Evangelio
y a la experiencia y normativas, en el seno de la Iglesia, de muchos siglos
de vida religiosa comunitaria.
Las responsabilidades familiares de la comunidad monástica las
comparte el abad con todos los miembros de la familia y según los
cargos que el abad designe a cada uno. Los principales cargos suelen ser:
el prior (primero entre los hermanos) que coopera con el abad como vicario,
especialmente sustituyéndole en sus ausencias; el administrador
(mayordomo) que atiende y vigila sobre la hacienda y las responsabilidades
económicas del monasterio; el maestro de novicios que acoge y cuida
de las vocaciones que llaman a las puertas del monasterio; y, además
de los que cooperan con los cargos citados, hay todo un pequeño
cúmulo de cargos y servicios (biblioteca, clases a novicios y estudiantes,
portería, sacristía, hospedería, canto, ceremonias,
mantenimiento, talleres de imprenta, encuadernación, granjas, lavandería,
enfermería, cocina-refectorio, limpieza, etc...) que hacen posible
que en la casa de Dios todo resplandezca por su orden y pulcritud y nada
perturbe la jornada cotidiana de los monjes que cumplen con responsabilidad
sus oficios y menesteres en bien de todos. |
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Cuando uno siente el deseo o
la curiosidad (por ahí se empieza muchas veces) de conocer la vida
monástica, si es posible, debe acceder a alguna publicación
sobre el tema que se pueden encontrar (Historia, Espiritualidad) en librerías
especializadas, sobre todo religiosas.
De todas formas, si se siente algo más que mera curiosidad, conviene
ponerse en contacto con algún monasterio (P. Hospedero) y tratar
de visitarlo pasando algunos días como huésped. Si los sentimientos
y el movimiento interior permanecen, entonces o en otro momento, hay que
tratar de ponerse en contacto personal con el P. Maestro de novicios del
monasterio; él informará al posible candidato de todos los
pasos a dar.
Discernir una vocación no es cosa fácil; el candidato y
el P. Maestro deben ser libres para comunicarse mutuamente y relacionarse
con franqueza en el plano humano y espiritual.
Si un candidato, ingresa en el monasterio tiene un largo recorrido, de
al menos dos años, de oración, estudio, trabajo y convivencia
en el noviciado antes de pronunciar ante Dios y la comunidad sus primeros
votos (temporales por tres años); de esos tres años, dos
todavía permanece en el grupo del noviciado, para integrarse posteriormente
con el resto de la comunidad del monasterio. Antes de finalizar los votos
temporales, el monje y la comunidad, cada uno por su parte, deberán
discernir si se está en disposiciones de proseguir con su consagración
monástica para toda la vida.
Lo que sigue posteriormente, estudios, trabajos, formación, sacerdocio,
etc, depende de muchos factores, que el monje con sus superiores tendrá
que ir conformando día a día... |
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| ¿Cómo es la organización de la Orden? |
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La Orden Benedictina tiene una
historia muy distinta a la de otras órdenes o congregaciones religiosas.
Jesuitas, Dominicos, Franciscanos, nacieron no solo bajo un fundador,
sino con unas normas y cuerpo jurídico canónico establecido
y aprobado por la Iglesia; en esas órdenes, desde el primer momento
quedaba establecido una pirámide jerárquica entre general,
provinciales y superiores locales, etc
San Benito (s. VI) no pretendió nada de eso; primero porque nunca
pensó en ese sistema ajeno a la época, segundo porque lo
acostumbrado en esa época era más bien lo contrario, es
decir la autonomía de cada una de las casas, que todo lo más
dependían, sólo en algunos aspectos, de una vigilancia benévola
del obispo del lugar.
Pero la Regla que
él escribió al ser tan apta, prudente y equilibrada, atrajo
la querencia de muchos monasterios que encontraron en ella la mejor pauta
para ser buenos monjes. Sólo un par de siglos más adelante
(s. VIII) comenzó a ser impuesta por los dirigentes políticos
cristianos que veían en los monasterios un modo esperanzador de
reconducir y “culturizar” cristianamente centro-Europa; y
esta política tuvo tal éxito que a partir del siglo X-XI
nos encontramos que casi la mayoría de los monasterios del Occidente
cristiano son “benedictinos”. Su difusión, fuera del
imperio carolingio, fue una adopción voluntaria por parte de nuevas
fundaciones, o por la aceptación de otras antiguas que hasta entonces
se regían por la tradición de diversas reglas antiguas o
de otros autores mas severos o menos organizados.
No obstante, a pesar de seguir una misma regla, los monasterios continuaban
siendo independientes, sin ninguna ligazón canónica. Pero
la vida y el decurso de los años, las guerras, la decadencia, etc
obligaron a tomar a los Pastores (papas y obispos) nuevas disposiciones
y obligar a los monasterios a reagruparse por regiones para defender y
vigilar la disciplina de mutuo acuerdo a través de Capítulos,
visitas de unos a otros, etc. Así es como se fueron creando diversas
congregaciones y órdenes entre los benedictinos que de alguna manera
han llegado hasta nosotros.
Hoy día los benedictinos (sin contar a las monjas) están
reagrupados en 22 Congregaciones distintas, cada una con su General o
Presidente; hay congregaciones que tienen otros subgrupos o “provincias”
al frente de los cuales hay “superiores provinciales”, pero
la mayoría de las congregaciones se compone de abadías o
monasterios independientes pero que mantienen una unión canónica
y fraterna que les une en mutua ayuda. Canónicamente hablando el
abad es un superior mayor equivalente a un Provincial de una congregación
religiosa. Para más detalle, visitar las páginas de la Orden
de San Benito. |
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